El truco está en sentirnos bien

No soy la primera persona en afirmar que las dietas de adelgazamiento están abocadas al fracaso. Puede que consigas perder peso, incluso todo el que te propongas pero en cuanto la dejes lo irás recuperando poco a poco. Si las haces intermitentemente, tu cuerpo al final se acostumbra a ellas y van perdiendo efectividad. Y me estoy refiriendo a las dietas completas (pautadas por un nutricionista) porque hay «dietas milagro» para perder líquidos o grasa superficial indicadas para una operación quirúrgica, o dietas disociadas que pierdes 2 kg en 1 semana, o la dieta de la alcachofa o la dieta de la sopa de verduras que, desde mi punto de vista, son una atrocidad y lejos de ser beneficiosas, engañan al cuerpo y lo descontrolan. También hay productos milagrosos que ayudan a quemar grasas y que, «sin esfuerzo», te prometen resultados espectaculares.

Últimamente he visto el anuncio de una nueva «dieta» que se vende con el slogan: «será tu última dieta» y me he estado informando y parece que así es, porque por primera vez, es una dieta coherente que tiene sus resultados a largo plazo pero el boca a boca está asegurado.

También diré que hay que estar preparado para ello; convencido de qué es lo que quieres hacer y que tu objetivo no sea bajar de peso sino CUIDARTE. Creo que esto es lo más importante.

Desde mi punto de vista, cuando un persona decide adelgazar no es tanto por cómo se ve sino por cómo le ven los demás. Esa necesidad surge de la desilusionante comparación con los otros por eso se requiere una inmediatez, una dieta milagro, algo que me ayude a que LOS DEMÁS me vean más delgado. Sin embargo si cambiamos el punto de vista y comenzamos a mirarnos a nosotros mismos desde NUESTRO propio punto de vista tomaremos decisiones que nos beneficien a nosotros.

ESE ES EL PUNTO DE INFLEXIÓN

Esto requiere de algo más que sólo dejar de comer pan y bollos: se necesita un contacto directo con nosotros mismos para averiguar por qué nos alimentamos tan mal o nos cuidamos tan poco y dar el paso para cambiar los hábitos. De esta forma nos centramos en querer cuidarnos y no solo en perder peso. Una vez que tomas hábitos más saludables como hacer ejercicio todos los días, comer menos ultraprocesados, abusar de alimentos básicos, el cuerpo lo agradece y empiezas a notar una bajada de peso, además de una satisfacción personal por cuidarte y, como un droga, provoca que quieras seguir cuidándote y es la pescadilla que se muerde la cola: cuanto más te cuidas, mejor te sientes, el cuerpo se adapta, se mejora, pierde grasa y hace que quieras seguir cuidándote.

Este proceso tiene un tope: no puedes perder peso indefinidamente, ¡te morirías! Pero ese tope no lo pone la industria de la moda con una 34 de talla, o la gente que te dice que aún no has perdido lo suficiente, sino tu mismo. Tu cuerpo es sabio y te hablará y sabrás cuándo has llegado a TU TOPE.

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